La baldosa hidráulica, qué maravilla

Hoy hablaremos de la baldosa hidráulica, una joya del interiorismo. Es bonita, versátil, resistente y tiene un aire artesanal muy acogedor. Es perfecta para darle personalidad a cualquier estancia.

Indagando sobre sus orígenes, encontramos los primeros antecedentes en la época del Renacimiento italiano. Fue entonces cuando se empezaron a fabricar un tipo de baldosas muy parecidas a las de hoy en día, ya que, en ellas se imprimía una capa de cemento con color.

Pero, la baldosa hidráulica no aparece hasta mediados del siglo XIX. Surgió a partir de la invención de su material base, el cemento Portland. Este tipo de cemento, debe su nombre a su parecido con la piedra Portland, típica de la Isla de Portland, en Inglaterra. Fue patentado en 1824 por Joseph Aspdin.

La industria de la baldosa hidráulica nació en Francia y rápidamente se extendió por España, país en el que tuvo gran importancia y notoriedad. Desde finales del siglo XIX surgieron casas constructoras en muchas capitales españolas, sobre todo en Cataluña y Valencia, que popularizan su uso. Posteriormente, se inició una expansión hacia zonas del norte de África y de América Latina.

El éxito y la proliferación de este tipo de pavimentos se debió a varios factores: la aparición de la prensa hidráulica y altos hornos industriales, la mezcla de los áridos obtenidos con cal hidráulica, y la reducción de los costes de fabricación, ya que con el cemento Portland se eliminaba una última cocción.

La baldosa consta de tres capas:

  • Una primera formada por una pasta fluida de cemento Portland, una pequeña cantidad de polvo de mármol y colorante o pigmento.
  • En la segunda, se aplica una mezcla cemento Portland en seco y arena. Esta mezcla tiene la función de absorber el agua de la capa anterior.
  • La tercera y última capa está compuesta por cemento Portland y arena. Es muy parecida a la capa anterior, pero ésta tiene una superficie más rugosa y le da una mayor adherencia de la baldosa al mortero.

Tras el alisado, se unen los tres estratos mediante un golpe de presión con prensa hidráulica. Finalmente, se colocan las baldosas en parrillas y se dejan secar durante semanas.

Uno de los motivos por los cuales tuvo tanto éxito fue que se trataba de una fabricación artesanal, esto fue muy valorado en aquella época.

El máximo auge del mosaico hidráulico tuvo lugar en el siglo XX, especialmente en la arquitectura de tipo mediterráneo, donde aún hoy perduran muchos de los mosaicos de la época.

Destacan por su riqueza y vivo cromatismo, diseñadas con diversos motivos: geométricos, vegetales o florales, mucho de ellos con diseños Modernistas y Art Déco. La medida estándar aún hoy en día sigue siendo de 20 x 20 cm.

A partir de 1940 aproximadamente, los modelos se van volviendo más sobrios, pasan a ser lisos o jaspeados monocromos y anuncian ya la decadencia del producto.

Actualmente, las baldosas hidráulicas han vuelto a recuperar gran parte de su protagonismo que las convirtió en tendencia. Con diseños renovados y colores acordes a nuevos estilos decorativos, una vez más el toque retro vuelve a triunfar en algunas de las tendencias más modernas, siendo unos de los tipos de baldosas más solicitados para decoración de todo tipo de estancias.

Estuvieron de moda hacia 1920 y vuelven a estarlo ahora. ¡La tradición se renueva!

baldosa hidráulica mosaico

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